León, Cordero y Espíritu Santo — Declaración de Fe

No con espada, no con fuerza humana, sino con su Espíritu Santo.

Esto creemos. Esto somos.

DECLARACIÓN DE FE

Del corazón del Padre para las naciones de la tierra — Kingdom Project

Antes de que existiéramos, ya estábamos en el corazón del Padre. Kingdom Project brotó de su anhelo eterno: el anhelo de Dios, que mira a las naciones y arde por que cada una escuche su nombre. Somos un proyecto del Reino concebido en su corazón: una familia levantada del corazón del Padre para las naciones de la tierra, para que en cada pueblo, en cada lengua y en cada nación se haga visible la gloria de su Reino.

Y en el centro de todo está Jesucristo. Él es el principio y el fin de nuestra fe, de nuestra historia y de nuestro futuro. En Él habita toda la plenitud de la Deidad; de Él brota todo ministerio y todo don; y a Él lo seguimos en la totalidad de su obra, como Señor, como Salvador y como modelo perfecto. Creemos que en este tiempo Dios está restaurando a su Iglesia el ministerio quíntuple, para edificar a los santos y llevar al Cuerpo de Cristo hasta la madurez y la estatura de la plenitud de su Hijo. Hacia esa plenitud caminamos.

Pero no nos basta saber de Él: anhelamos conocerlo. Buscamos una amistad íntima con el Espíritu Santo —caminar a su lado, escuchar su voz y rendirnos por completo a su dirección—, porque Él es el verdadero Director de su Iglesia y de este ministerio. Nos acercamos con corazón de niño y de conquista, asombrados ante su Presencia, agradecidos hasta las lágrimas por el sacrificio de Jesús, convencidos de que en Él vivimos, nos movemos y somos. Sin Él, nada podemos hacer.

Una sola convicción gobierna nuestra manera de vivir y de servir: la obra de Dios no se levanta con espada, ni con ejército, ni con fuerza humana, sino con su Santo Espíritu. En Él ponemos nuestra entera confianza. Por eso hacemos nuestra parte —sembramos, acompañamos, servimos—, pero es el Espíritu quien forma a los llamados, los restaura, los equipa y los envía. Nuestra tarea es rendirnos para que la suya se manifieste a través de nosotros.

Por eso anunciamos la Palabra de Dios respaldada por su Espíritu, que la confirma con poder, y avanzamos para impactar los ejes que transforman a toda sociedad —la familia, la religión, la educación, el gobierno, la economía, la comunicación y el entretenimiento—, hasta que la tierra sea llena del conocimiento de su gloria.

Esto creemos. Esto somos. Y a esto fuimos llamados: a expandir su Reino de generación en generación, en toda nación donde Dios nos plante, hasta que Cristo vuelva. Que estos principios, que aquí confesamos, sean para la gloria del Padre, la honra del Hijo y el deleite del Espíritu Santo.

"Todo lo que somos descansa sobre quién es Dios."

1

De las Sagradas Escrituras

Creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, inspirada por el Espíritu Santo en cada una de sus partes, infalible en todo lo que enseña y verdadera en todo lo que afirma. Ella es la voz de Dios hablando a los hombres, y por eso es nuestra autoridad suprema y final: la regla absoluta de nuestra fe, de nuestra doctrina y de nuestra conducta. Lo que la Escritura ordena, lo obedecemos; lo que revela, lo creemos; y a lo que apunta —a Cristo mismo— nos rendimos.

2 Timoteo 3:16-17; 2 Pedro 1:20-21; Salmo 119:105; Apocalipsis 22:18-19
2

De Dios, uno y trino, Creador de todo

Creemos en un solo Dios, eterno, todopoderoso y santo, Creador del cielo y de la tierra y de todo cuanto existe, visible e invisible. Él no fue creado: Él es la fuente de toda vida y de todo cuanto respira. Y este único Dios subsiste eternamente en tres Personas distintas e iguales en gloria: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Por amor, el Padre envió al Hijo; por el sacrificio del Hijo, fue enviado el Espíritu Santo; el Espíritu nos revela al Hijo, y el Hijo nos lleva al Padre. Un solo Dios, una sola gloria, un solo amor eterno derramándose sobre su creación.

Génesis 1:1; Deuteronomio 6:4; Mateo 28:19; 2 Corintios 13:14; Juan 15:26; Colosenses 1:16
3

De Jesucristo, el Hijo de Dios

Creemos en Jesucristo, el Hijo eterno de Dios, concebido por obra del Espíritu Santo y nacido de una virgen: verdadero Dios y verdadero hombre. Vivió sin pecado, murió en la cruz como el sacrificio único y suficiente por nuestros pecados, y al tercer día resucitó corporalmente, venciendo a la muerte para siempre. Ascendió al cielo, donde hoy vive e intercede por nosotros como nuestro Sumo Sacerdote y único Mediador entre Dios y los hombres. Él es el centro de la historia y el Señor de todo lo que somos.

Mateo 1:18-25; Juan 1:1-14; 1 Corintios 15:3-4; Hechos 1:9; Hebreos 4:14-16; 1 Timoteo 2:5
4

Del Espíritu Santo y la amistad con Él

Creemos que el Espíritu Santo es Dios: una Persona divina, no una fuerza ni una influencia. Él convence al mundo de pecado, trae el nuevo nacimiento, regenera el corazón, consuela al creyente, lo reviste de poder y guía a los hijos de Dios para establecer su Reino en la tierra. Creemos que no fuimos hechos para conocerlo de lejos, sino para caminar con Él en intimidad: escuchar su voz, gozar de su Presencia y rendirnos a su dirección como a la de un amigo fiel. Él es el Director de la Iglesia, y a Él nos sujetamos con gozo y reverencia.

Juan 14:16-17; Juan 16:8-15; Romanos 8:14; 2 Corintios 13:14; Hechos 1:8
5

Del ser humano, la caída y el pecado

Creemos que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios, con dignidad, propósito y libertad de elección. Pero por su transgresión voluntaria cayó en pecado y quedó destituido de la gloria de Dios, y desde entonces toda la humanidad nace separada de Él, incapaz de salvarse a sí misma. Esta es nuestra condición sin Cristo: perdidos, pero no olvidados; caídos, pero profundamente amados. Por eso el ser humano necesita con urgencia la salvación que solo se halla en Jesucristo.

Génesis 1:27; Génesis 3:6-24; Romanos 3:23; Romanos 5:12; Romanos 6:23

"Lo que el hombre jamás pudo alcanzar, Dios lo regaló."

6

De la salvación por gracia

Creemos que la salvación es el regalo más grande de Dios, y que no se gana ni se merece: se recibe por gracia, mediante la fe en Jesucristo, y nunca por obras de las que alguien pueda jactarse. Todo el que se arrepiente genuinamente y recibe por fe al Señor Jesús es perdonado, hecho hijo de Dios y nacido de nuevo a una vida eterna. Pero esta salvación tan grande no se toma a la ligera: la recibimos con gozo y la guardamos con temor y temblor, perseverando en la fe y andando en obediencia, porque es Dios mismo quien obra en nosotros tanto el querer como el hacer.

Efesios 2:8-9; Juan 1:12; Romanos 10:9-10; Tito 3:5; Filipenses 2:12-13
7

De la obra de la salvación

Creemos que la salvación es obra completa de Dios en el creyente. En la justificación, Dios nos declara justos por los méritos de la sangre de Cristo, reconciliados con Él por la fe. En la regeneración, nos da un corazón nuevo y una vida nueva por el Espíritu Santo. En la santificación, nos transforma día a día a la imagen de Cristo, apartándonos para Él. Y en la glorificación, llevará su obra a término, cuando seamos semejantes a Él y lo veamos tal como es. Lo que Dios comienza, Dios lo termina: Él es el autor y el consumador de nuestra fe.

Romanos 5:1; Tito 3:5; 2 Corintios 3:18; 1 Tesalonicenses 5:23; 1 Juan 3:2; Filipenses 1:6
8

De la sanidad divina

Creemos que en la obra redentora de Cristo hay provisión no solo para el alma, sino también para el cuerpo: por sus llagas fuimos sanados. Creemos que Dios sana hoy a los enfermos por el poder de su Espíritu, en respuesta a la fe y a la oración, y que la sanidad divina es parte del evangelio completo que predicamos. Honramos los medios que Dios ha provisto para el cuidado de la vida, pero ponemos nuestra confianza en el Sanador mismo, quien sigue obrando maravillas en medio de su pueblo.

Isaías 53:4-5; Mateo 8:16-17; Hechos 10:38; Santiago 5:14-16; Marcos 16:17-18
9

De los milagros, prodigios y maravillas

Creemos en un Dios vivo que no ha cambiado: el mismo ayer, hoy y por los siglos. Creemos que Él sigue obrando milagros, señales, prodigios y maravillas por el poder de su Espíritu, en respuesta a la fe de su pueblo. No limitamos su obrar a un área de la vida: creemos que Él sana, libera, restaura, provee, transforma lo imposible y abre camino donde no lo hay, en lo físico, lo emocional, lo espiritual, lo familiar y lo material. Lo sobrenatural no es la excepción en el Reino de Dios: es la manifestación normal de su Presencia entre los suyos, para la gloria de su nombre.

Hebreos 13:8; Marcos 16:17-20; Hechos 4:29-30; Juan 14:12; Efesios 3:20

"La misma vida que nos salvó es la que ahora nos llena."

10

Del bautismo en el Espíritu Santo

Creemos que, además del nuevo nacimiento, Dios sumerge a sus hijos en el Espíritu Santo: una inmersión en su poder que capacita al creyente para la obra, la adoración y el testimonio. Como los primeros discípulos fueron llenos en Pentecostés, creemos que esta misma promesa es para nosotros hoy y para nuestros hijos, para todos los que el Señor llame. No buscamos el poder por el poder, sino al Dador, para servir con eficacia, vivir en santidad y ser sus testigos hasta lo último de la tierra.

Mateo 3:11; Hechos 1:5; Hechos 1:8; Hechos 2:4; Lucas 24:49
11

De los dones del Espíritu

Creemos que el Espíritu Santo derrama dones sobre su Iglesia conforme a su voluntad, para edificación, exhortación y consuelo del Cuerpo de Cristo. Lejos de haber cesado, estos dones siguen vivos y operando hoy en toda su diversidad, y el Espíritu capacita a cada creyente con al menos una manifestación para servir a los demás como buen administrador de la multiforme gracia de Dios. Los anhelamos con pasión y los ejercemos con humildad y en orden, para que la Iglesia sea edificada y Cristo, glorificado.

1 Corintios 12:4-11; 1 Corintios 14:1-3; Romanos 12:6-8; 1 Pedro 4:10
12

Del amor, el camino más excelente

Creemos que debemos anhelar los dones del Espíritu y, al mismo tiempo, seguir un camino aún más excelente: el amor. No es lo uno o lo otro; son ambos. Procuramos los dones para servir, pero los revestimos de amor, porque sin amor los dones resuenan vacíos y la fe más grande nada aprovecha. El amor de Dios derramado en nuestros corazones es la marca inconfundible de sus discípulos y la fuerza que sostiene todo lo que hacemos: amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos.

1 Corintios 12:31; 1 Corintios 13:1-8; Juan 13:34-35; 1 Juan 4:7-8
13

De la santidad

Creemos que la santidad es el estandarte precioso de todo el pueblo de Dios. Hemos sido llamados no a la impureza, sino a la santificación, para reflejar el carácter del Dios santo que nos llamó. La santidad no es una carga, sino el fruto de una vida rendida al Espíritu: una vida que se aparta del pecado y se consagra a Dios, en lo público y en lo secreto. Buscamos la santidad porque sin ella nadie verá al Señor, y porque anhelamos parecernos cada día más a Aquel que nos compró con su sangre.

1 Pedro 1:15-16; Hebreos 12:14; 2 Corintios 7:1; 1 Tesalonicenses 4:7; Lucas 1:74-75
14

De nuestro Código Genético

Creemos que el Reino no solo se predica: se encarna en un carácter formado por el Espíritu. El código genético de Kingdom Project, que buscamos vivir y reproducir en cada discípulo, es el amor ágape y la intimidad con Dios; la obediencia y la santidad a Jehová; la lealtad a Dios y a su Reino; la humildad, el servicio y la gratitud; el carácter de Jesús y la consciencia constante de su Presencia; el corazón de niño y de conquista; la mentalidad de rey y el corazón de sacerdote; el honor y la honra; y la integridad y congruencia. Esto somos, y esto anhelamos sembrar en las naciones.

Gálatas 5:22-23; Mateo 22:37-39; Filipenses 2:5-7; Mateo 18:3-4; Apocalipsis 1:6

"Dios no llamó hijos aislados, sino un solo cuerpo."

15

De la Iglesia, una en las naciones

Creemos que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo y la casa de Dios, formada por todos los que han sido hechos sus hijos por la fe: una sola en todas las naciones, aunque hable mil idiomas y habite en todos los continentes. Una misma fe, un mismo Señor, un mismo Espíritu. Reconocemos a Cristo como la cabeza de la Iglesia, y al Espíritu Santo como quien la dirige y la vivifica. Creemos que Dios une a su Cuerpo por encima de toda frontera, y que como familia de iglesias caminamos en unidad, comunión y misión, honrándonos y sirviéndonos unos a otros, para que el mundo crea que el Padre envió al Hijo.

Efesios 1:22-23; Efesios 2:19; 1 Corintios 12:12-13; Juan 17:20-23
16

De las ordenanzas de la Iglesia

Creemos que el Señor Jesús estableció ordenanzas para su Iglesia, y que estamos llamados a guardarlas con obediencia y reverencia hasta que Él venga. Entre las principales están el bautismo en agua, por inmersión —el testimonio público de quien ha creído y confesado a Jesús como Señor, proclamando que ha muerto al pecado y resucitado a una vida nueva—, y la Santa Cena, conmemoración del cuerpo partido y la sangre derramada de nuestro Señor, que celebramos anunciando su muerte hasta que vuelva. En todo cuanto Él nos mandó guardar, no cumplimos ritos vacíos: obedecemos a Cristo y proclamamos su obra.

Mateo 28:19; Romanos 6:3-4; Lucas 22:19-20; 1 Corintios 11:23-26; Juan 14:15
17

Del ministerio quíntuple

Creemos que Jesucristo, al ascender, dio dones a los hombres y constituyó en su Iglesia apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros. No los dio como títulos de honor, sino como un regalo para un propósito: perfeccionar a los santos para la obra del ministerio y edificar el Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y a la estatura de la plenitud de Cristo. Creemos que en este tiempo Dios está restaurando el ministerio quíntuple en plenitud, para preparar a su Iglesia y madurarla para los días que vienen.

Efesios 4:8-13; 1 Corintios 12:28; Romanos 12:6-8
18

Del orden, la honra y la cobertura de Dios

Creemos que el Señor es nuestro refugio y nuestra fortaleza, y que en Él está nuestra plena seguridad, pues quien habita al abrigo del Altísimo mora bajo la sombra del Omnipotente. Confiados en esa protección, abrazamos el orden que Dios ha establecido para su Iglesia, donde —como en un cuerpo— cada miembro tiene su función y su lugar, caminamos en transparencia e integridad, y nos sujetamos con gozo a los pastores y ministros que el Señor establece, honrándolos y obedeciéndolos en el Señor, sin poner jamás en hombre alguno la confianza y la adoración que solo a Dios le pertenecen. Y en todo permanecemos sensibles a la dirección del Espíritu Santo, verdadero Director de su Iglesia.

Salmo 91:1-2; Hebreos 13:17; Santiago 5:16; Romanos 8:14
19

Del discipulado, la formación y el envío

Creemos que el Señor nos llamó a hacer discípulos que hacen discípulos. Cada día el Espíritu atrae a los llamados, y nuestra tarea es acompañarlos en un proceso de restauración, equipamiento y empoderamiento que desarrolla a cada uno conforme a su llamado, en carácter, conocimiento y poder. Pero es el Espíritu quien forma, transforma y envía; nosotros sembramos y servimos, y Él da el crecimiento. Así nos multiplicamos como hijos de Dios maduros, llenos del Espíritu, listos para ser enviados e impactar las naciones.

Mateo 28:19-20; 2 Timoteo 2:2; Efesios 4:11-13; 1 Corintios 3:6-7
20

De la mayordomía y la generosidad

Creemos que todo lo que somos y tenemos pertenece a Dios, y que hemos sido hechos administradores fieles de su gracia, de nuestra vida y de todos nuestros bienes. Por eso vivimos una vida de generosidad, honrando a Dios con lo que es suyo y sembrando en su Reino, no por obligación ni por temor, sino con un corazón alegre y agradecido, confiando en Aquel que es la fuente de todo. Y creemos que Dios, fiel a su Palabra, sostiene su obra y suple toda necesidad de los suyos conforme a sus riquezas en gloria.

Malaquías 3:10; Proverbios 3:9-10; 2 Corintios 9:6-8; Lucas 6:38; Filipenses 4:19

"El Reino no vino para ser contenido, sino para extenderse."

21

Del Reino de Dios

Creemos que en Cristo el Reino de Dios se acercó, y que por su victoria sobre el pecado, la muerte y el infierno quedó establecido con poder, gobernando hoy sobre todos los reinos de la tierra. No tiene su origen en este mundo, pero reina sobre él: lo invisible gobierna sobre lo visible, porque todo cuanto existe fue creado por Él. Su señorío se establece dondequiera que se hace la voluntad del Padre, trayendo justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. Creemos que fuimos llamados a buscar primero ese Reino y su justicia, y a anunciarlo y manifestarlo en poder, hasta que toda rodilla se doble y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor.

Mateo 6:33; Romanos 14:17; Colosenses 2:15; Colosenses 1:16; Filipenses 2:10-11
22

De los reyes y sacerdotes

Creemos que, por el sacrificio de Jesús, los que hemos sido redimidos fuimos hechos reyes y sacerdotes para nuestro Dios. Como sacerdotes, vivimos en intimidad y adoración, ministrando a Dios antes que a los hombres; como reyes, ejercemos con humildad la autoridad y el gobierno que Cristo nos entregó, para administrar la vida y los asuntos del Reino en la tierra. La Iglesia, Cuerpo de Cristo, ha sido puesta por cabeza y no por cola: no para enseñorearse, sino para servir, bendecir y reinar en vida por medio de Jesucristo.

Apocalipsis 1:6; Apocalipsis 5:9-10; 1 Pedro 2:9; Romanos 5:17
23

De los siete ejes de influencia

Creemos que el Reino de Dios no fue hecho para quedarse entre cuatro paredes. La Iglesia está llamada a impactar y transformar los ejes que dan forma a toda sociedad: la familia, la religión, la educación, el gobierno, la economía, la comunicación y el entretenimiento. A esto llamamos “conquistar la tierra prometida”: dejar de vivir solo del maná para tomar posesión de aquello que Dios entregó por el sacrificio de Jesús. Pedimos al Padre que nos revele sus modelos y estrategias, y los establecemos en la tierra por su Espíritu, ejerciendo la autoridad que nos fue dada siempre por la vía del servicio, la excelencia y el testimonio, siendo sal que preserva y luz que alumbra en medio de toda nación.

Mateo 5:13-16; Mateo 28:18-20; Daniel 2:35; Habacuc 2:14
24

De la Gran Comisión y las naciones

Creemos que el Señor nos envió a ir por todo el mundo y hacer discípulos en todas las naciones, predicando el evangelio a toda criatura. Esta es la pasión que arde en el corazón de Kingdom Project: alcanzar a los que aún no han escuchado y llevar el Reino hasta los confines de la tierra. Creemos que este es el llamado más alto de la Iglesia y la pasión que define nuestra existencia, y que el Espíritu Santo nos respalda con su poder para ser testigos de Cristo dondequiera que Él nos envíe.

Mateo 28:18-20; Marcos 16:15; Hechos 1:8; Romanos 10:14-15
25

Del evangelio para todas las culturas

Creemos que hay un solo evangelio para todas las naciones, y que la sangre de Jesús compró para Dios a hombres de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Por eso lo anunciamos a cada pueblo en su propia lengua, alcanzando a todos con el amor de Cristo; pero no negociamos jamás la verdad: la doctrina es una, aunque las naciones sean muchas. Anhelamos el día en que una multitud de toda lengua adore junta delante del trono.

Apocalipsis 7:9-10; Hechos 10:34-35; Gálatas 1:8; Romanos 1:16
26

De la familia

Creemos que la familia fue instituida por Dios desde el principio, como el primer lugar donde se forma la fe y se transmite su Reino. Creemos que el primer ministerio de todo discípulo es su propia casa: instruir a los suyos en la Palabra, en el testimonio y en la obra, amando y sirviendo conforme al diseño de Dios. Honramos a la familia como base de la sociedad y semillero de las generaciones que han de llevar el Reino más lejos de lo que nosotros llegamos.

Génesis 2:21-24; Deuteronomio 6:6-7; Efesios 6:1-4; Josué 24:15

"Vivimos mirando el día en que Cristo vuelva."

27

De la segunda venida de Cristo

Creemos que el mismo Jesús que ascendió al cielo volverá en gloria, personal y visiblemente, tal como prometió. Su regreso es nuestra esperanza viva: el día en que recibirá a los suyos y consumará todo lo que comenzó. Por eso vivimos despiertos y preparados, llenos del Espíritu y firmes en una fe que obra, ocupados en su obra hasta que Él venga, anhelando aquel encuentro glorioso con nuestro Señor.

Hechos 1:11; 1 Tesalonicenses 4:16-17; Mateo 24:42-44; Tito 2:13
28

De la resurrección, el juicio y la eternidad

Creemos que habrá resurrección de todos los muertos: para vida eterna los que son de Cristo, y para juicio los que le rechazaron. Creemos que todos compareceremos delante de Dios, justo Juez que dará a cada uno conforme a sus obras. Para los redimidos, Dios ha preparado una eternidad de gloria en su Presencia, donde enjugará toda lágrima y reinaremos con Él para siempre; y creemos en la realidad de la separación eterna de quienes rechazan su salvación. Por eso anunciamos a Cristo con urgencia y amor, sabiendo que en Él, y solo en Él, hay vida eterna.

Juan 5:28-29; Apocalipsis 20:11-15; Apocalipsis 21:3-4; 2 Corintios 5:10; Juan 3:16

"Lo que confesamos con los labios, lo vivimos con la vida."

29

Del matrimonio, la sexualidad y la dignidad humana

Creemos que Dios creó al ser humano varón y mujer, a su imagen, con igual valor y dignidad, y que esa identidad es parte de su buen diseño. Creemos que el matrimonio fue instituido por Dios desde el principio como un pacto exclusivo y permanente entre un hombre y una mujer, marco que Él estableció para la unión íntima y para la familia. Creemos que Dios nos ama tanto que no nos deja como estamos: en Cristo nos llama, nos perdona y nos restaura a la plenitud para la que fuimos creados. Por eso recibimos a toda persona con el mismo amor con que Cristo nos recibió, y a todos anunciamos la verdad que sana y el diseño que restaura.

Génesis 1:27; Génesis 2:24; Mateo 19:4-6; 1 Corintios 6:9-11; Hebreos 13:4
30

De la guerra espiritual y la victoria del creyente

Creemos que el cristiano ha sido llamado a una batalla que no es contra carne ni sangre, sino contra las potestades de las tinieblas. Creemos que en la cruz, Cristo despojó a los principados y triunfó sobre ellos, y que esa victoria ya nos pertenece. Por eso resistimos al enemigo firmes en la fe, revestidos de toda la armadura de Dios, y avanzamos con las armas espirituales que Él nos dio: su Palabra, la oración, la adoración y el poder del Espíritu Santo. No peleamos por la victoria, sino desde la victoria que Cristo ya conquistó.

Efesios 6:10-18; Colosenses 2:15; 2 Corintios 10:3-5; Santiago 4:7; Lucas 10:19
31

De la honra a la autoridad civil

Creemos que honrar a Dios incluye honrar a las autoridades que Él permite, cumpliendo las leyes de cada nación donde servimos, orando por nuestros gobernantes y siendo ciudadanos ejemplares. Solo cuando una ley nos obligue a negar abiertamente la Palabra de Dios, obedeceremos a Dios antes que a los hombres, y aun entonces lo haremos con respeto, mansedumbre y buena conciencia.

Romanos 13:1-7; 1 Pedro 2:13-17; Hechos 5:29; 1 Timoteo 2:1-2
32

De la autoridad de esta confesión y nuestra libertad religiosa

Creemos que las Sagradas Escrituras son la autoridad suprema en toda materia de fe y conducta, y que esta Declaración de Fe expresa fielmente lo que creemos y enseñamos. Conforme a ella conducimos la vida de nuestra comunidad, el reconocimiento y envío de nuestros ministros, nuestras prácticas y ceremonias, y la administración de lo que Dios nos confía. Sostenemos esta confesión bajo la guía del Espíritu Santo, y en toda cuestión de doctrina, fe, conducta o membresía, el máximo gobierno del ministerio es su intérprete final y definitivo, sin que autoridad alguna ajena al ministerio decida sobre sus asuntos espirituales internos.

2 Timoteo 3:16-17; Tito 1:9; Juan 16:13

Nuestra confesión

ESTO CREEMOS, ESTO SOMOS

Esta es la fe que confesamos, la doctrina que enseñamos y el fundamento sobre el cual edificamos. No son palabras nacidas de hombres, sino la verdad eterna que hemos recibido y que guardaremos fielmente, generación tras generación, en toda nación donde Dios nos plante. A Él, que es poderoso para guardarnos sin caída y presentarnos irreprensibles delante de su gloria, sea la gloria, la honra y el dominio, por los siglos de los siglos. Amén.

Judas 1:24-25

Del corazón del Padre para las naciones de la tierra.

SOMOS LA MEJOR IGLESIA CRISTIANA DE PACHUCA

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